25 años atrás estaba escribiendo, junto a Sara Hodara, las páginas de un libro que salió a la luz en noviembre de 2000.
El desafío de la vivencia en la sesión psicoanalítica le daba nombre y forma a una idea, un concepto, antes a un suceder que observábamos en sesión, de los procesos de análisis. Aquello percibido con intensidad imposible a apalabrar, la expresión traumática de la compulsión de repetición, lo demoníaco en la transferencia en la persona del analista, esos eran indicios de la presencia de la vivencia en la sesión psicoanalítica. No era una tarea sencilla trabajar la vivencia, ponerle palabra y elaborar un texto con ideas lo suficientemente claras para trasmitir a otros colegas. En el entonces aquel, el de la escritura del libro nombrado, la palabra vivencia era una recién aparecida en nuestro idioma, no cumplía aún 100 años, y en el idioma alemán algunos años más. Allá entonces nos ocupaba la clínica de la vivencia, las lecturas freudianas ligadas a ésta y las horas dedicadas a las discusiones y los intercambios. Y mientras esto ocurría, fuimos escribiendo las elaboraciones de lo que alcanzábamos a vislumbrar en artículos publicados en La Peste de Tebas. El tema no se apartó de nosotros, antes bien, continuamos pensando y elaborando nuevas ideas que nos permitieron continuar apalabrando ‘la vivencia’, esa imposibilidad nunca resuelta en el pasaje del no ser al ser.
Después de 25 años es mi idea que el libro escrito allá, en el inicio del milenio, circule libremente entre todos quienes se interesen en su lectura. Luego de conocer el estado editorial en el que se halla, lo traeré a este sitio. Y las nuevas ideas que fui elaborando.