GOETTE
En 1977 estaba cursando el último año de mi carrera como psicólogo. Cuando finalizaba 2º año había comenzado a estudiar la obra freudiana por fuera de la facultad, en un curso sobre psicoanálisis con niños, lo que constituyó mi primer contacto con Freud en el recorrido de mi formación. También había dado comienzo, sin saberlo ni proponérmelo, a mi ser psicoanalista ya que intuía que la lectura de la obra psicoanalítica tanto como el contacto con pacientes no era sin mi propio análisis. De aquel momento en el que había decidido que quería ser psicoanalista ya transcurrían 2 años.
De la facultad recibí la crítica dogmática al discurso freudiano y, como hecho anecdótico, la ausencia de los 3 tomos de las O.C. de Freud –versión de López Ballesteros– por disposición de la dictadura de aquellos terribles años. Estos motivos no hicieron otra cosa que aumentar el entusiasmo por la lectura psicoanalítica de todos quienes cursábamos los últimos años de Psicología, efecto directo de la curiosidad sexual infantil que, en nuestros primeros años, había guiado nuestro afán de saber.
Tuve la oportunidad de modificar aquel estado de cosas unos años después, siendo docente universitario en dos cátedras: Psicología Profunda y Psicopatología; y por espacio de 2 años tuve a mi cargo un seminario sobre Psicopatología.
Por 15 años pude poner en juego esta apasionada función en la formación de estudiantes universitarios.
El entusiasmo (la pasión) por trasmitir el psicoanálisis me llevó a otros ámbitos de enseñanza de grado, de posgrado o en mi consultorio. En cada uno de estos espacios, la obra de Freud y mi práctica clínica fueron motivos importantes para continuar la trasmisión del psicoanálisis con estudiantes de psicología interesados en la investigación y el estudio psicoanalítico.
No había pasado mucho tiempo de recibido cuando mi actividad toda era mi trabajo en el consultorio y aquella curiosidad que me impulsaba a continuar formándome, con algunos pocos maestros que despertaban en mí el entusiasmo por el psicoanálisis, me mostraban su pensamiento atravesando los caminos de Freud, me llevaban a leer, otra vez más, los artículos que ya había recorrido para encontrar, siempre, algo nuevo.
En tanto mi práctica me interrogaba en cada ocurrencia de un paciente, o con sus silencios; en cada intervención que realizaba. En cada manifestación del suceder cada sesión.
Con una formación en construcción llegué a la Asociación Psicoanalítica Argentina cuando pudo ser, ni antes ni después.
Conservando el entusiasmo inicial, comenzaba a encontrar palabras que, alcanzando sentido en mí, podía pronunciar de otro modo, que me hacían pensar otra vez más el psicoanálisis y reelaborar su discurso.
A lo largo de esos años encontré colegas que transitaron la formación psicoanalítica en un tiempo anterior y generosamente nos brindaban su experiencia y conocimiento en los seminarios, haciendo carne y experiencia las palabras de Freud: “… esa técnica no puede aprenderse todavía en los libros, y por cierto sólo se la obtiene con grandes sacrificios de tiempo, trabajo y éxito (…) se la aprende con quienes ya la dominan”. “Trasmisión” comenzó a tener otro significado para mí. En el trabajo (en el doble sentido que puede tener la palabra trabajo: producción y reelaboración) del seminario, en el mejor sentido de la palabra ‘seminario’, adquirió valor la subjetividad puesta en juego que, atravesando transferencias, produce una alteración radical en cada uno de los participantes hasta donde cada uno puede alcanzarla en ese momento de su formación.
En mi análisis personal iba sucediendo el resto.
El Claustro de Candidatos constituyó una experiencia singular. Sucesivamente fui Secretario de Cultura, Secretario General y Presidente de una Mesa Coordinadora entusiasta, que bullía en la elaboración de proyectos la mayoría de los cuales forman parte de la cultura de nuestra institución. La pequeña aula 301, refugio y oficina del claustro, se agrandaba cada martes para dar cabida a todos cuantos deseaban participar en las actividades que organizábamos en el Claustro. El espacio era reducido, pero todos estábamos adentro, nadie quedó afuera.
En 1998 finalicé mi formación en el Instituto de Psicoanálisis Ángel Garma incorporándome como miembro adherente a la Asociación Psicoanalítica Argentina.
Mi práctica clínica había dado cuenta del valor de la palabra, pero al mismo tiempo salían a mi encuentro aquellas otras manifestaciones para las cuales las palabras no alcanzan para expresar lo que se presenta más allá de ellas, más allá del principio del placer, en los dominios de la pulsión de muerte.
Estas expresiones comenzaron a inquietar mi pensamiento… Ahí comencé a interesarme por la idea ‘vivencia’. Interés que adquirió forma en una interminable ficha que presenté en un seminario (dictado por R. Rusconi) y que tiempo después dio vida a un libro escrito en colaboración con mi querida colega Sara Hodara. En noviembre de 2000 presentamos en APA ‘El desafío de la vivencia en la sesión psicoanalítica’.
Antes de esto, en 1996, fui co-fundador de La Peste de Tebas, publicación psicoanalítica (junto a Adriana Sorrentini, Liliana Denicola, Fidias Cesio, Carlos Isod y Alberto Loschi), en donde he publicado gran parte de las elaboraciones que fui realizando, atravesando los caminos de Freud.
Estos caminos que sigo recorriendo en el dictado de seminarios en la formación psicoanalítica en el Instituto de psicoanálisis Á. Garma, en talleres, grupos de estudio y cursos en mi consultorio, en mi práctica clínica con pacientes, en las lecturas permanentes y las nuevas ocurrencias que todo ello trae; en las reuniones científicas, discusiones e intercambios con otros colegas, en la participación y reflexión (observación) de la vida cotidiana, en las producciones de la cultura y las batallas que libra. Esto me va brindando palabras para las producciones escritas, esa otra pasión que va dándole expresión a mi vida de psicoanalista. (Mario Cóccaro, psicoanalista).
Lo que sigue va siendo lo que el psicoanálisis y yo pudimos hacer juntos, es expresión de todo ello. Detrás hay un extenso trabajo de reelaboraciones (durcharbeitung) y elaboraciones (bearbeitung). Es mi manera de leer psicoanálisis, de escribir psicoanálisis, de pensar psicoanálisis, de trabajar psicoanálisis, de psicoanalizar. Y como ocurre con el psicoanálisis, todo esto es ‘a trasmitir’, a compartir y repartir. Entonces, cada solapa es la forma que fue tomando en mí el psicoanálisis, las diferentes expresiones que fui encontrando, ya que las formas del psicoanálisis son muchas. Estas son las que encontré para mí. Puede que otros tengan otras, más favorables a la manera de ser para cada uno. Esa es la libertad para andar por los caminos de Freud.

